viernes, 13 de mayo de 2011

palabras sencillas, sentimientos profundos





Así, calladamente sin grandes estridencias dejaré de quererte, sin darte cuenta.
Dejaré de sentirte muñeca entre mis brazos, y así, pausadamente, como llega la noche,
aún no estando a tu lado, comenzaré a estar muerta...                















Madriguera que escondes el miedo  
dame cobijo y amparo
pues mi alma se siente perdida
y mis piernas no aguantan el peso.


Entrégame la fuerza rotunda
el tierno anhelo
que mi espalda se dobla cual naipe
y mis dedos señalan al cielo


Madriguera que escondes el miedo
dame un techo caliente
porque se apaga este fuego
el que antaño era ardiente.  









La soledad te atrapa sin avisar
sin darte cuenta te sientes preso de tu silencio
esclavo de tus pensamientos y tus miedos,
luchas por desprenderte de ese lastre rotundo.
de esa sensación de vacío inhocuo, ciego.

La soledad se pega a ti como un tatuaje abstracto
como una garrapata a un perro flaco,
como quiste perpetuo que no duele
que crece alimentándose de tus debilidades
de tus angustias y penas.

En tus sueños le encuentras la forma y sabor
el color y textura, pero al despertar,
la soledad se torna  invisible.
Con su presencia te destruye despacio,
te abraza con sus zarpas heladas secándote el alma
robándote el aire, matándote en vida.










Frágil cuerpo de ojos grandes
Dulce voz que rompe el eco
Dame el flujo de tu alma
Parte el muro del silencio 

Tu piel blanca alumbra el túnel
que un día gris encontraste
La rosa a tu tacto alude
La brisa en tu cabello parte

No te asustes si no estoy
No me pidas que te olvide
Grita a el niño que yo soy
Ríe al son de quien te mime.

















Delirios de esperanza en una mar de incertidumbre
suspiros de nostalgia  en mi espalda florecen
atando mis muñecas como sogas invisibles.

Trazando mis  arrugas  con senderos de tristeza
me pierdo en las colinas tratando de encontrarme 
y mi tormento se deshace siguiendo tu estela.

Miro atrás ahogando los segundos
destripando pensamientos que amargan mis palabras
desterrando el pasado a una dimensión ciega.

En un tiempo inexistente y vacío
que perpetúa el devenir de las estaciones
el éxodo monótono de las aves migratorias
espantando los espíritus perdidos y solitarios.

Delirios en un mar de esperanza y sosiego
ansiada calma instalada en mi memoria
acaricias la nuca del niño que soy
amansas el alma de la bestia que fui.